El futuro de la investigación en ciencias sociales en un mundo post-COVID

Dr. Anis Ben Brik, profesor asociado y director y fundador del Programa de Investigación en Política Social y Evaluación (PROSPER) de la Facultad de Políticas Públicas de la Universidad Hamad Bin Khalifa de Qatar





Tras la devastadora pandemia de COVID-19, hemos visto cómo los gobiernos se apoyan en gran medida en la investigación científica como base para la aplicación de políticas. Por el contrario, aún queda mucho trabajo por hacer para reconocer el impacto de las ciencias sociales en este sentido. A medida que los responsables de la política mundial se enfrentan a los retos y las perspectivas de la recuperación pospandémica, cada decisión que se tome dará forma a nuestro mundo. La investigación aplicada en ciencias sociales puede ofrecer pruebas y conocimientos para orientar mejor la toma de decisiones.


La escala de los inmensos retos sociales a los que nos enfrentamos como comunidad global es tal que ningún actor, gubernamental o no, puede resolverlos por sí solo. Tal y como argumenté en mi intervención en el Foro Político de Alto Nivel de la ONU sobre el Desarrollo Sostenible 2020 el pasado mes de julio, el COVID-19 es un multiplicador de amenazas que agrava los retos en materia de empleo, salud, desigualdades étnicas, generacionales, de género, educativas, geográficas y digitales. Se necesitan pruebas para sacar a la luz el enorme impacto que tienen las ciencias sociales en la configuración de este nuevo mundo, y creo que una comunidad de científicos sociales mejor conectada se corresponde con una mayor capacidad para emprender políticas ilustradas, ayudando a encontrar soluciones pertinentes a los problemas de la sociedad y mejores respuestas a las crisis futuras.


Un estudio único y exhaustivo de COVID-19

Recientemente he sido el investigador principal del mayor y más completo estudio internacional de este tipo, "The COVID-19 Family Life Study". Iniciado en la Facultad de Políticas Públicas de la Universidad Hamad Bin Khalifa, este estudio empírico encuestó a familias de 72 países de América del Norte, África, Europa, América del Sur, Asia, Oceanía y Oriente Medio, incluido el Estado de Qatar, para evaluar el impacto de la pandemia en la vida familiar y cómo esto puede influir en la futura planificación de políticas gubernamentales.


Los objetivos del estudio internacional son amplios y valiosos: rastrear el patrón de los síntomas, las causas y los factores de riesgo de la salud mental en los padres; comprender las experiencias, las habilidades de afrontamiento y los mecanismos de los padres en condiciones de pandemia; identificar las necesidades de los padres; y utilizar estas pruebas para informar el diseño de políticas y el apoyo a las familias en el futuro. Estos objetivos revelan una fuerte comprensión y reconocimiento del papel vital de los padres a la hora de proporcionar entornos domésticos seguros, estables y saludables para sus hijos.


Pudimos movilizar a un equipo internacional de investigación formado por académicos y expertos que representaban a las Naciones Unidas, al mundo académico y a las organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo. Nuestra agenda compartida requería derribar los muros institucionales entre académicos, investigadores, profesionales de las ONG, comunidades y responsables políticos para lograr el resultado necesario. Desde mi punto de vista, el estudio ofrece un caso de buenas prácticas para la investigación en ciencias sociales que tendrá una repercusión tangible en el desarrollo de políticas basadas en pruebas durante algún tiempo.


Los datos que hemos recogido en este estudio proporcionan una ventana única a los puntos comunes y las diferencias en la forma en que las familias formaron y fueron formadas por la pandemia de COVID-19 en todos los continentes, en todos los niveles de ingresos y educación, y en todos los grupos de edad. Tuvo en cuenta las variables del estilo de vida: el tabaquismo, la actividad física, las condiciones de salud, la discapacidad, las familias numerosas y el impacto económico, lo que hace que el estudio sea único y completo. Los resultados ofrecen datos sólidos y fiables para informar sobre el diseño y la prestación de servicios de salud mental y psicosociales para las familias de todas las culturas.



Colaboración multidisciplinar

Entre las primeras asociaciones importantes entre el mundo académico y la sociedad civil, el Estudio sobre la Vida Familiar cuenta con el apoyo de expertos mundiales de ONG, institutos de investigación y universidades de Europa, Asia, América del Norte, América Latina, África, Oceanía y la región árabe. Entre los socios se encuentran la División de Desarrollo Social Inclusivo del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (UNDESA DISD), 28 investigadores y 21 socios internacionales que incluyen 10 universidades y centros de investigación y 11 ONG multidisciplinares.


Para poner en marcha el estudio, nuestros socios aprovecharon su experiencia y sus amplias redes para ayudar a estructurar el instrumento de la encuesta y asegurarse de que fuera relevante e inclusivo a nivel local antes de ser traducido a 23 idiomas diferentes. Las organizaciones nacionales ayudaron a dirigir un esfuerzo masivo de recopilación de datos y pudieron ayudarnos a difundir ampliamente la encuesta tanto en línea como a través de encuestas telefónicas, y a llegar a comunidades y poblaciones que no son fácilmente accesibles, en zonas muy remotas de África, Asia, América Latina y en campos de refugiados en Siria, Irak, Yemen, Jordania y Libia. También han apoyado el análisis de los datos y ahora proporcionan salidas para compartir los resultados públicamente.


Impacto

Estos datos de alta calidad servirán para diversas necesidades, mejorando nuestra comprensión de cómo la pandemia y las respuestas de los gobiernos han afectado a la vida familiar en todo el mundo. En última instancia, las universidades, los investigadores y las organizaciones de la sociedad civil obtendrán el asiento que necesitan en la mesa de elaboración de políticas. Los responsables de la toma de decisiones en Europa, Asia, América del Sur y la región del Golfo con los que hemos compartido los resultados hasta ahora han acogido con satisfacción la oportunidad de comprometerse con las conclusiones y entenderlas como base para futuras decisiones políticas sobre cómo y dónde canalizar los recursos financieros y el apoyo, y para planificar mejor futuras pandemias. De este modo, las comunidades se beneficiarán más cuando los gobiernos traduzcan las pruebas que hemos reunido en políticas y prácticas sólidas que conduzcan a mejores servicios de apoyo a las familias.


Un modelo post-pandémico para una investigación en ciencias sociales con impacto

El COVID-19 ha creado el impulso necesario para trabajar juntos en una agenda compartida, pero este modelo de asociación no tiene por qué ser una buena práctica reservada a las emergencias públicas. Puede y debe convertirse en la nueva referencia para el desarrollo de políticas públicas post-pandémicas. Como académicos, nos esforzamos continuamente por demostrar el impacto de nuestra investigación en la sociedad y las comunidades. Creo que el Estudio sobre la Vida Familiar es un ejemplo del impacto que podemos lograr con nuestra investigación aplicada en ciencias sociales si colaboramos, si identificamos oportunidades para aprender unos de otros y si rompemos muros y silos institucionales.

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