Redes digitales y relaciones familiares en tiempos de coronavirus: nuevas interacciones

Prof. Pier Cesare Rivoltella, Profesor de Didáctica General y Tecnologías de la Educación en la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán





El Coronavirus, en particular el confinamiento y la estricta limitación de los movimientos de personas decididos por los gobiernos como medida para combatirlo, han producido ciertamente cambios significativos en los tiempos y las formas de la vida individual y social de las personas. Algunos de estos cambios han afectado a las familias, imponiendo redefiniciones temporales de su comportamiento y de las rutinas que marcan la vida familiar. Estos cambios están relacionados en gran medida con la disponibilidad de los medios de comunicación digitales, más en general, de la tecnología.


  1. La difícil construcción de una nueva alianza "a distancia" entre la familia y la escuela


Se debe registrar un primer elemento en relación con el trabajo inteligente y la educación a distancia, que se funda en lo que viene estudiando desde hace tiempo la investigación sobre prácticas familiares, tanto en términos de conciliación familiar y profesional como en términos de la alianza (o del conflicto) entre la escuela y la familia.

Para los padres cuyos empleos han previsto la posibilidad de trabajar desde casa, esto ha supuesto reconocerse de forma forzada en el perfil de lo que la investigación denomina integradores, es decir, de esa categoría de padres-trabajadores que optan por vivir una superposición del tiempo de trabajo con respecto al tiempo familiar (a diferencia de lo que hacen los separadores, que tienden a reservar para la familia un tiempo radicalmente distinto del tiempo de trabajo). A menudo esta condición ha afectado tanto a los padres como a los hijos, que a su vez se enfrentan a una superposición sin precedentes entre el tiempo escolar y el tiempo familiar.

Esta situación ha obligado a la familia a una negociación añadida para el uso de las herramientas (no todas las familias disponen de tecnología personal para todos los miembros) y para el uso de la conexión (la necesidad de usar la conexión para varias videoconferencias al mismo tiempo a menudo no permite que la conexión de la red doméstica "aguante"), así como para la ocupación del espacio dentro de la casa.


Se pueden hacer al menos dos observaciones al margen de esta necesaria negociación, impuesta por las circunstancias. Por una parte, no siempre ha producido convivialidad: las experiencias de las familias y los datos de los observadores, de hecho, muestran el aumento del tiempo juntos y la mejora de las dinámicas familiares (mayor proximidad, moderación del conflicto) en algunas familias, en otras ha correspondido más bien a un empeoramiento de las relaciones provocado por la convivencia forzada, como demuestra el aumento de la violencia doméstica. Sin embargo, la negociación en sí misma es un elemento positivo porque implica el hecho de hablar, debatir, y esto puede ciertamente predisponer a la búsqueda de nuevas bases para la relación, o al redescubrimiento de una relacionalidad quizás olvidada o deteriorada a lo largo de los años.


Un segundo elemento, estrechamente relacionado con el primero, atañe en particular a las madres en su función de apoyo a sus hijos, sobre todo si son pequeños, en el momento de hacer los deberes en casa. Precisamente la educación a distancia ha producido en este sentido un aumento de las cargas para los estudiantes y, por consiguiente, para las familias. A menudo, de hecho, la escuela a distancia se ha reducido a una entrega en remoto de los deberes a través del registro electrónico; y a menudo la falta de colegialidad de muchos consejos de clase ha dado lugar a una sobrecarga de trabajo para los estudiantes con el consiguiente exceso de trabajo para los que tienen que seguirlos en casa. En el caso de las escuelas más avanzadas que han podido establecer sistemas de aprendizaje electrónico, los padres se han visto obligados a apoyar a sus hijos incluso durante las fases de conexión, acompañándolos durante toda la fase de la conexión en línea por razones de seguridad. Las principales reflexiones que se pueden hacer al margen de este elemento parecen ser tres, que prefiguran posibles fuentes de nuevas desigualdades/desventajas potenciales.

  • En primer lugar, se debe tener en cuenta la suposición por parte de las escuelas de que todas las familias estaban/están ambientadas digitalmente, es decir, que lo digital forma parte naturalmente de su experiencia. Se ha comprendido que no es así, ni siquiera en las sociedades de los países muy avanzados. Así pues, se ha tenido que registrar el impacto de la brecha digital (falta de herramientas, falta de conexión), una brecha que ha perjudicado especialmente a las familias con escaso capital económico y cultural, que a menudo coinciden con las familias de los migrantes.

  • En segundo lugar, las familias han tenido que hacer frente a un proceso de alfabetización digital forzada de los padres, con la necesidad de su actualización tecnológica. También en este caso, la escuela, tal vez porque fue cogida por sorpresa y se comprometió a poner en marcha el dispositivo de la enseñanza a distancia a toda prisa, no ha evaluado adecuadamente el riesgo de hacer que la familia perciba los deberes en casa como una cesión y de responsabilizar en exceso a los padres ya involucrados por el trabajo ágil o, en todo caso, carentes de las competencias necesarias para apoyar eficazmente a sus hijos.

  • Por último, la situación dictada por la emergencia ha terminado por ampliar el abanico de comportamientos ya registrados antes de la crisis en la dinámica normal del acompañamiento parental de los niños en las tareas de aprendizaje. Por un lado, la percepción de una mayor carga de responsabilidad o la percepción de la propia inadecuación ha llevado a algunos padres a no controlar el problema en absoluto (son los casos de las familias de los estudiantes "silenciosos", que desde el comienzo de la emergencia ya no han dado ninguna señal de vida a sus profesores); por otra parte, la conciencia de tener que compensar de alguna manera la falta del tiempo de escuela ha llevado a otros padres a una mayor implicación en la actividad de su hijo, con el problema de no dejarle la autonomía adecuada y con la consiguiente desaparición de la distancia (y a menudo de la desconfianza) con respecto a los profesores (pero en algunos casos, también el aumento de la desconfianza y el resentimiento).


2. Lo digital en las relaciones familiares: desafíos y oportunidades


Un tercer y último elemento de este rápido análisis no puede ser sino la relación entre la familia y los medios digitales. Como ya hemos visto, las necesidades de trabajo y estudio han llevado ciertamente a un aumento del tiempo de pantalla en la familia. A esto hay que añadir el tiempo adicional de pantalla debido a la imposibilidad de salir de casa y realizar actividades al aire libre, con el consiguiente aumento del consumo de videojuegos, de plataformas de contenido digital y de la actividad en redes sociales. Este dato permite hacer varias consideraciones.

  • Una primera observación se refiere al impacto de este sobrecalentamiento de medios de comunicación en la comensalidad de la familia. A menudo sucede que los padres y los hijos comentan sus días con un: “Nos vemos en las comidas”. Esto parece subrayar el riesgo –no exclusivo, sino real y por lo tanto no hay que subrayarlo– de que el aumento del consumo digital acabe por debilitar el vínculo generando aislamiento, disminución del tiempo compartido, retirada progresiva al propio espacio individual. Es el escenario del living apart together (vivir separados estando juntos) ya previsto desde hace tiempo por la investigación.

  • Una segunda observación, opuesta, pone de relieve en cambio cómo los medios de comunicación –y concretamente el televisor de casa– han producido un indudable aumento de la relacionalidad interna de la familia con la reproducción (a menudo involuntaria) de situaciones que pertenecen a diferentes épocas de la investigación sobre los medios de comunicación en la familia. Pensemos en particular en la función del televisor como foco doméstico, como "rincón" de la casa que en algunos momentos reúne a toda la familia, ofrece momentos de discursos compartidos (como en el momento de las noticias, para comentar los nuevos datos del contagio), favorece el encuentro de todos decidiendo qué ver, garantiza un nuevo ritmo para el día que ha perdido su escaneo temporal (porque las actividades exteriores han desaparecido). Muchos padres están experimentando en estas semanas el hecho de encontrarse frente al televisor con sus hijos adolescentes que en épocas de normalidad habrían salido con sus amigos. Una oportunidad intrigante para volver a tejer los hilos de los hábitos olvidados, conversar juntos, intercambiar ideas sobre temas a partir de la agenda propuesta por la programación.

  • Incluso, en el caso de familias separadas o reconstituidas, el aislamiento forzoso ha significado que el padre o la madre separado o vuelto a casar que no vive con sus hijos encontrara en las redes sociales, los servicios de mensajería instantánea y los dispositivos de videocomunicación aliados válidos para mantenerse en contacto con sus hijos. Una tendencia ya registrada por la investigación en los últimos años, pero que en las últimas semanas se ha producido de manera exponencial. También en este caso (sobre todo con proyección futura) el dato es ambivalente: de hecho, si bien por un lado para los padres y los hijos esta oportunidad de comunicación y relación amplía las posibilidades de encuentro físico durante los fines de semana previsto por los acuerdos judiciales, por otro lado plantea el problema de cómo considerar este tiempo de copresencia virtual con respecto al tiempo de la presencia física establecido por la ley.


3. ¿Qué quedará después de la emergencia?


Una última observación (que también se aplica a los dos primeros elementos de nuestro análisis) se refiere a la fase posterior a la emergencia: ¿qué pasará una vez que volvamos a la normalidad? ¿Estas dietas digitales infladas resultarán en conductas bulímicas de consumo de medios de comunicación que serán difíciles de redimensionar? En términos más generales, si consideramos también los demás elementos, ¿el hábito de integrar el trabajo y la familia gracias al trabajo inteligente, quitará más tiempo a las relaciones familiares y las empeorará? ¿Y la educación a distancia resultará en un permanente exceso de responsabilización de los padres añadiendo una carga adicional a sus múltiples ocupaciones?


Es muy probable que todo dependa de la calidad de la relación familiar. Si la relación familiar y la alianza entre los padres (en el caso de las familias descompuestas) "aguanta", es buena, la domesticación de lo digital es ciertamente más fácil y la familia puede liberar sus aspectos positivos. El problema probablemente se planteará, en cambio, cuando la relación familiar sea débil o ausente y la relación entre los padres esté marcada por el conflicto: como siempre ha sucedido, los medios de comunicación no restan tiempo y espacio a la familia, simplemente ocupan los momentos que la familia ha dejado libres y desatendidos.


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